domingo, 14 de noviembre de 2010

I Ciclo: Western. "Pat Garret y Billy the kid"

Pat Gerret and Billy the kid
Sam Peckinpah
1973





Qué mejor para terminar este ciclo que una de las películas y directores que, para la década del 70, seguían dando la pelea para mantener vivo al western. "Pat Garret y Billy the kid" relata la leyenda del enfrentamiento entre dos antiguos compañeros de armas en Estados Unidos y que, como hemos dicho en anteriores reseñas, representan el enfrentamiento entre dos mundos: de un lado, el de las serpientes, el polvo, la sangre, los héroes pistoleros (cuya representación será el famoso Billy the Kid, el joven), y de otro, el de los sheriffs, el Estado, la Iglesia y la Familia (representado por Pat Garret, el viejo).

La continuidad con el ciclo es evidente pues presenciaremos nuevamente el cansancio de los viejos forajidos, las necesarias negociaciones entre la ley del estado y la “ley del monte” (del desierto, mejor), el aura de heroísmo con el que los pobladores recubren a los viejos pistoleros, el cambio generacional entre estos y los jóvenes de los poblados, etc. Pero además de ello, tendremos la oportunidad de disfrutar elementos nuevos y maravillosos: Bob Dylan, con apenas 31 años de edad, interpretando al personaje más sencillo y misterioso de toda la película; un humor negro (cosa excepcional en la mayoría de los Western) que en gran parte gira alrededor de la interpretación de Dylan, cuyo personaje, para dar sólo un ejemplo, se llama Alias: “¿Alias?, ¿Alias qué? Sencillamente Alias”; y por último, la música (de Dylan también) que en medio de las balas y las persecuciones, nos muestra que lo que estamos presenciando desde el inicio mismo de la película, no es otra cosa que un largo final prolongado………

martes, 9 de noviembre de 2010

I Ciclo: Western. "Tiempo de morir"

Película: Tiempo de morir


Director: Jorge Alí Triana
Guión: Gabriel García Márquez (con colaboración de Carlos Fuentes)
Año: 1985
Termina el ciclo dedicado al cine del oeste norteamericano: el origen de la civilización en las zonas de frontera entre Estados Unidos y México. Vimos cómo los antiguos pistoleros pasaban a representar la ley y a defenderla de sus antiguos colegas; vimos el cansancio y la frustración de los pistoleros que envejecían absolutamente solos por un mundo en el que ya no tenían lugar; junto a ellos vimos a los jóvenes decepcionados frente a ese pasado heroico diciendo que no querían seguir el mismo camino; presenciamos las burlas a las que eran sometidos aquellos que llegaban a los pueblos buscando instaurar la ley y la ilustración; vimos llegar los primeros ferrocarriles en medio de búfalos y bueyes que detenían el paso; vimos realizarse las primeras elecciones democráticas en medio de un bar que decidía no vender alcohol mientras el proceso se llevaba a cabo; vimos deseos de venganza superiores a la decencia, a lo políticamente correcto, a la ley, al estado. Vimos héroes, vimos villanos, vimos prostitutas, presenciamos el fin de un mundo en el que “las muertes dejaron de ser motivo de euforia, y cada vez se hicieron más escasas las deliciosas bombeadas de adrenalina”.
“Tiempo de morir”, la última película de nuestro ciclo, se rueda en algún pueblo lejano de Colombia. Se trata de un tiempo distinto al narrado en el western gringo: aquí veremos el ferrocarril naturalizado como parte del paisaje, veremos ejército, veremos farmacias, veremos escuelas, familias consolidadas, veremos al menos una generación nacida y criada en el pueblo, veremos alcalde, veremos policías. Veremos una sociedad relativamente integrada. Sin embargo, y ahí la magia del cine, volveremos a presenciar sensaciones humanas que superan las diferencias: el peso de un pasado que no desaparece y que en este caso es encarnado en los hijos de una de las antiguas víctimas de un pistolero que después de 14 años de cárcel puede volver a su pueblo natal; el deseo de venganza de esos muchachos que saben que a pesar de la pena legal, eso no compensa ni el honor ni la defensa de la honra de la familia; la decepción de uno joven que ya no quiere, aunque no pueda evitarlo, continuar representando ese mundo de la hombría y la venganza; la nostalgia que esos viejos enfermos y cansados sienten por un pasado heroico que se niegan a dejar.
Así, ahora en nuestro país, veremos final y nuevamente, la transición de un mundo a otro, y como dirá uno de los vengadores: “No depende ni de ti ni de mi. Es algo que tiene que ocurrir. Sin remedio. La palabra se cumple”