El gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, negó el viernes un indulto simbólico al legendario Billy the Kid, el más famoso forajido del lejano oeste, muerto de un tiro hace 129 años.
"Decidí no indultar a Billy the Kid", declaró el gobernador unas horas antes de dejar su cargo el 31 de diciembre a medianoche.
Richardson dijo que ha estado investigando a Billy the Kid (Billy "el Niño") desde que asumió el cargo, en especial los informes de que el gobernador del territorio en 1880, Lew Wallace, había prometido perdonarlo.
La gracia no será concedida, explicó el viernes Richardson, debido a "la falta de certezas (sobre esta promesa) y una ambigüedad histórica sobre el motivo por el cual el gobernador Wallace habría renunciado a su perdón".
Elbert García, que afirma ser el bisnieto de Billy the Kid, se manifestó "decepcionado" el viernes por la decisión del gobernador.
Richardson "nunca me llamó aunque le mandé toda clase de comunicados. Ahora voy a contarle todo en Facebook a mis amigos", dijo García, de 71 años, a AFP desde su residencia de Santa Rosa en Nuevo México (oeste).
La leyenda de Billy the Kid -cuyo nombre real es William H. Bonney, aunque también es conocido como Henry McCarty y Henry Antrim- ha inspirado decenas de libros y películas, impostores y varios intentos para exhumar su tumba y realizarles prueba de ADN.
Fuente: elespectador.com
¿Y qué es el cine (y la literatura, pero en este caso el cine) si no una excusa para entendernos a nosotros mismos?
viernes, 31 de diciembre de 2010
domingo, 14 de noviembre de 2010
I Ciclo: Western. "Pat Garret y Billy the kid"
Pat Gerret and Billy the kid
Sam Peckinpah
1973

Qué mejor para terminar este ciclo que una de las películas y directores que, para la década del 70, seguían dando la pelea para mantener vivo al western. "Pat Garret y Billy the kid" relata la leyenda del enfrentamiento entre dos antiguos compañeros de armas en Estados Unidos y que, como hemos dicho en anteriores reseñas, representan el enfrentamiento entre dos mundos: de un lado, el de las serpientes, el polvo, la sangre, los héroes pistoleros (cuya representación será el famoso Billy the Kid, el joven), y de otro, el de los sheriffs, el Estado, la Iglesia y la Familia (representado por Pat Garret, el viejo).
La continuidad con el ciclo es evidente pues presenciaremos nuevamente el cansancio de los viejos forajidos, las necesarias negociaciones entre la ley del estado y la “ley del monte” (del desierto, mejor), el aura de heroísmo con el que los pobladores recubren a los viejos pistoleros, el cambio generacional entre estos y los jóvenes de los poblados, etc. Pero además de ello, tendremos la oportunidad de disfrutar elementos nuevos y maravillosos: Bob Dylan, con apenas 31 años de edad, interpretando al personaje más sencillo y misterioso de toda la película; un humor negro (cosa excepcional en la mayoría de los Western) que en gran parte gira alrededor de la interpretación de Dylan, cuyo personaje, para dar sólo un ejemplo, se llama Alias: “¿Alias?, ¿Alias qué? Sencillamente Alias”; y por último, la música (de Dylan también) que en medio de las balas y las persecuciones, nos muestra que lo que estamos presenciando desde el inicio mismo de la película, no es otra cosa que un largo final prolongado………
Sam Peckinpah
1973

Qué mejor para terminar este ciclo que una de las películas y directores que, para la década del 70, seguían dando la pelea para mantener vivo al western. "Pat Garret y Billy the kid" relata la leyenda del enfrentamiento entre dos antiguos compañeros de armas en Estados Unidos y que, como hemos dicho en anteriores reseñas, representan el enfrentamiento entre dos mundos: de un lado, el de las serpientes, el polvo, la sangre, los héroes pistoleros (cuya representación será el famoso Billy the Kid, el joven), y de otro, el de los sheriffs, el Estado, la Iglesia y la Familia (representado por Pat Garret, el viejo).
La continuidad con el ciclo es evidente pues presenciaremos nuevamente el cansancio de los viejos forajidos, las necesarias negociaciones entre la ley del estado y la “ley del monte” (del desierto, mejor), el aura de heroísmo con el que los pobladores recubren a los viejos pistoleros, el cambio generacional entre estos y los jóvenes de los poblados, etc. Pero además de ello, tendremos la oportunidad de disfrutar elementos nuevos y maravillosos: Bob Dylan, con apenas 31 años de edad, interpretando al personaje más sencillo y misterioso de toda la película; un humor negro (cosa excepcional en la mayoría de los Western) que en gran parte gira alrededor de la interpretación de Dylan, cuyo personaje, para dar sólo un ejemplo, se llama Alias: “¿Alias?, ¿Alias qué? Sencillamente Alias”; y por último, la música (de Dylan también) que en medio de las balas y las persecuciones, nos muestra que lo que estamos presenciando desde el inicio mismo de la película, no es otra cosa que un largo final prolongado………
martes, 9 de noviembre de 2010
I Ciclo: Western. "Tiempo de morir"
Película: Tiempo de morir
Director: Jorge Alí Triana
Guión: Gabriel García Márquez (con colaboración de Carlos Fuentes)
Año: 1985
Termina el ciclo dedicado al cine del oeste norteamericano: el origen de la civilización en las zonas de frontera entre Estados Unidos y México. Vimos cómo los antiguos pistoleros pasaban a representar la ley y a defenderla de sus antiguos colegas; vimos el cansancio y la frustración de los pistoleros que envejecían absolutamente solos por un mundo en el que ya no tenían lugar; junto a ellos vimos a los jóvenes decepcionados frente a ese pasado heroico diciendo que no querían seguir el mismo camino; presenciamos las burlas a las que eran sometidos aquellos que llegaban a los pueblos buscando instaurar la ley y la ilustración; vimos llegar los primeros ferrocarriles en medio de búfalos y bueyes que detenían el paso; vimos realizarse las primeras elecciones democráticas en medio de un bar que decidía no vender alcohol mientras el proceso se llevaba a cabo; vimos deseos de venganza superiores a la decencia, a lo políticamente correcto, a la ley, al estado. Vimos héroes, vimos villanos, vimos prostitutas, presenciamos el fin de un mundo en el que “las muertes dejaron de ser motivo de euforia, y cada vez se hicieron más escasas las deliciosas bombeadas de adrenalina”.
“Tiempo de morir”, la última película de nuestro ciclo, se rueda en algún pueblo lejano de Colombia. Se trata de un tiempo distinto al narrado en el western gringo: aquí veremos el ferrocarril naturalizado como parte del paisaje, veremos ejército, veremos farmacias, veremos escuelas, familias consolidadas, veremos al menos una generación nacida y criada en el pueblo, veremos alcalde, veremos policías. Veremos una sociedad relativamente integrada. Sin embargo, y ahí la magia del cine, volveremos a presenciar sensaciones humanas que superan las diferencias: el peso de un pasado que no desaparece y que en este caso es encarnado en los hijos de una de las antiguas víctimas de un pistolero que después de 14 años de cárcel puede volver a su pueblo natal; el deseo de venganza de esos muchachos que saben que a pesar de la pena legal, eso no compensa ni el honor ni la defensa de la honra de la familia; la decepción de uno joven que ya no quiere, aunque no pueda evitarlo, continuar representando ese mundo de la hombría y la venganza; la nostalgia que esos viejos enfermos y cansados sienten por un pasado heroico que se niegan a dejar.
Así, ahora en nuestro país, veremos final y nuevamente, la transición de un mundo a otro, y como dirá uno de los vengadores: “No depende ni de ti ni de mi. Es algo que tiene que ocurrir. Sin remedio. La palabra se cumple”
Director: Jorge Alí Triana
Guión: Gabriel García Márquez (con colaboración de Carlos Fuentes)
Año: 1985
Termina el ciclo dedicado al cine del oeste norteamericano: el origen de la civilización en las zonas de frontera entre Estados Unidos y México. Vimos cómo los antiguos pistoleros pasaban a representar la ley y a defenderla de sus antiguos colegas; vimos el cansancio y la frustración de los pistoleros que envejecían absolutamente solos por un mundo en el que ya no tenían lugar; junto a ellos vimos a los jóvenes decepcionados frente a ese pasado heroico diciendo que no querían seguir el mismo camino; presenciamos las burlas a las que eran sometidos aquellos que llegaban a los pueblos buscando instaurar la ley y la ilustración; vimos llegar los primeros ferrocarriles en medio de búfalos y bueyes que detenían el paso; vimos realizarse las primeras elecciones democráticas en medio de un bar que decidía no vender alcohol mientras el proceso se llevaba a cabo; vimos deseos de venganza superiores a la decencia, a lo políticamente correcto, a la ley, al estado. Vimos héroes, vimos villanos, vimos prostitutas, presenciamos el fin de un mundo en el que “las muertes dejaron de ser motivo de euforia, y cada vez se hicieron más escasas las deliciosas bombeadas de adrenalina”.
“Tiempo de morir”, la última película de nuestro ciclo, se rueda en algún pueblo lejano de Colombia. Se trata de un tiempo distinto al narrado en el western gringo: aquí veremos el ferrocarril naturalizado como parte del paisaje, veremos ejército, veremos farmacias, veremos escuelas, familias consolidadas, veremos al menos una generación nacida y criada en el pueblo, veremos alcalde, veremos policías. Veremos una sociedad relativamente integrada. Sin embargo, y ahí la magia del cine, volveremos a presenciar sensaciones humanas que superan las diferencias: el peso de un pasado que no desaparece y que en este caso es encarnado en los hijos de una de las antiguas víctimas de un pistolero que después de 14 años de cárcel puede volver a su pueblo natal; el deseo de venganza de esos muchachos que saben que a pesar de la pena legal, eso no compensa ni el honor ni la defensa de la honra de la familia; la decepción de uno joven que ya no quiere, aunque no pueda evitarlo, continuar representando ese mundo de la hombría y la venganza; la nostalgia que esos viejos enfermos y cansados sienten por un pasado heroico que se niegan a dejar.
Así, ahora en nuestro país, veremos final y nuevamente, la transición de un mundo a otro, y como dirá uno de los vengadores: “No depende ni de ti ni de mi. Es algo que tiene que ocurrir. Sin remedio. La palabra se cumple”
sábado, 30 de octubre de 2010
I Ciclo: Western. "The Unforgiven"
Unforgiven (Los imperdonables)
Dir: Clint Eastwood
1992
Continuamos con el primer ciclo de nuestro cineclub dedicado al western, o cine del oeste americano. Esta segunda película, dirigida por el norteamericano Clint Eastwood, se convierte en una especie de zoom sobre una de las sensaciones que vimos representada en el personaje de Tom Doniphon en nuestra presentación anterior (El hombre que mató a Liberty Valance, de John Ford): la civilización (el ferrocarril, la democracia, las leyes, los modales) se apodera del lejano oeste, y el heroísmo de las prendas mugrientas y las pistolas siempre cargadas, se transforma ahora en la depresión por sentir que en este nuevo mundo, los viejos héroes no cumplen ya ningún papel.
El mismo Clint Eastwood y Morgan Freeman representarán a William Munny y Ned Logan, un par de vaqueros míticos envejecidos, enfermos y retirados. Los dos han logrado lo que en otras películas del oeste no alcanza a ser más que el sueño de los vaqueros ante la transformación de Estados Unidos: familia, hogar y tranquilidad. Pero el paquete no fue completo y la prosperidad económica nunca llegó. Los dos, en compañía de Jaime Woolvett representando al jovencito “the Schofield Kid”, se embarcarán en una última misión que termina reafirmándole a los tres, indignos, que su papel en el mundo ha llegado a su fin.
El western ha sido el cine de los mitos, del mito de la democracia, del mito de los rebeldes polvorientos del desierto, del mito del nacimiento del Estado. Pues bien, “Unforgiven” se encargará de apagar una a una, lentamente y con cariño, todas aquellas luces que hicieron grande al género. Pero, y es lo mejor de todo, cincuenta años después de los primeros westerns, saldremos gritando una vez: ¡Que viva el western!
Dir: Clint Eastwood
1992
Continuamos con el primer ciclo de nuestro cineclub dedicado al western, o cine del oeste americano. Esta segunda película, dirigida por el norteamericano Clint Eastwood, se convierte en una especie de zoom sobre una de las sensaciones que vimos representada en el personaje de Tom Doniphon en nuestra presentación anterior (El hombre que mató a Liberty Valance, de John Ford): la civilización (el ferrocarril, la democracia, las leyes, los modales) se apodera del lejano oeste, y el heroísmo de las prendas mugrientas y las pistolas siempre cargadas, se transforma ahora en la depresión por sentir que en este nuevo mundo, los viejos héroes no cumplen ya ningún papel.El mismo Clint Eastwood y Morgan Freeman representarán a William Munny y Ned Logan, un par de vaqueros míticos envejecidos, enfermos y retirados. Los dos han logrado lo que en otras películas del oeste no alcanza a ser más que el sueño de los vaqueros ante la transformación de Estados Unidos: familia, hogar y tranquilidad. Pero el paquete no fue completo y la prosperidad económica nunca llegó. Los dos, en compañía de Jaime Woolvett representando al jovencito “the Schofield Kid”, se embarcarán en una última misión que termina reafirmándole a los tres, indignos, que su papel en el mundo ha llegado a su fin.
El western ha sido el cine de los mitos, del mito de la democracia, del mito de los rebeldes polvorientos del desierto, del mito del nacimiento del Estado. Pues bien, “Unforgiven” se encargará de apagar una a una, lentamente y con cariño, todas aquellas luces que hicieron grande al género. Pero, y es lo mejor de todo, cincuenta años después de los primeros westerns, saldremos gritando una vez: ¡Que viva el western!
viernes, 29 de octubre de 2010
I Ciclo: Western. "El hombre que mató a Liberty Valance"
CICLO DE CINE WESTERN
EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY BALANCE
Dir: John Ford. 1962
A través de la narración a un periodista local, el Senador norteamericano Ransom Stoddard (James Stewart) reconstruye los recuerdos del fin de una época en un pueblo del lejano Oeste: la transición del aislamiento indómito sólo accesible para viejas diligencias, a la moderna civilización encarnada en la llegada del tren. Volviendo al pasado, el primero de los mundos estará encarnado en la existencia del temido forajido Liberty Valance, quien actuaba al servicio de los grandes terratenientes del lugar; el segundo, en la aséptica y civilizada presencia del mismo Stoddard, que para ese entonces llegaba al pueblo recién graduado de su carrera de leyes. En medio del enfrentamiento entre los dos individuos, cada uno en representación de una época distinta, estará el mítico John Wayne encarnando a Tom Doniphon, pistolero respetado por todo el pueblo pero a quien el mundo comienza a dejar atrás para cederle el papel protagónico al representante de la civilización.
La película nos llevará de la mano por anacrónicas leyes estatales que causan risa en medio de un territorio en el que los problemas se solucionan con una pistola; nos mostrará el papel de la educación (Ransom dicta clases de lecto-escritura a los pobladores) en la construcción de “la civilización”; describirá la profunda melancolía por un mundo que comienza a desaparecer y que insiste en dejar atrás el pasado heroico de pistoleros que ahora se sienten completamente inútiles; narrará la realización de las primeras elecciones democráticas en medio de un bar cuyo tendero insiste en no vender alcohol hasta que el proceso haya finalizado; etc.
Al final la democracia sale bien librada, pero no deja de recordarnos, como lo hace el cine Western en general, que la separación entre democracia y violencia es más un anhelo que un hecho histórico. Como decía ofuscado el periodista del pueblo en medio de las elecciones: “¿Prohibir el alcohol en las elecciones? Eso es llevar la democracia demasiado lejos!”
EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY BALANCE
Dir: John Ford. 1962
A través de la narración a un periodista local, el Senador norteamericano Ransom Stoddard (James Stewart) reconstruye los recuerdos del fin de una época en un pueblo del lejano Oeste: la transición del aislamiento indómito sólo accesible para viejas diligencias, a la moderna civilización encarnada en la llegada del tren. Volviendo al pasado, el primero de los mundos estará encarnado en la existencia del temido forajido Liberty Valance, quien actuaba al servicio de los grandes terratenientes del lugar; el segundo, en la aséptica y civilizada presencia del mismo Stoddard, que para ese entonces llegaba al pueblo recién graduado de su carrera de leyes. En medio del enfrentamiento entre los dos individuos, cada uno en representación de una época distinta, estará el mítico John Wayne encarnando a Tom Doniphon, pistolero respetado por todo el pueblo pero a quien el mundo comienza a dejar atrás para cederle el papel protagónico al representante de la civilización.
La película nos llevará de la mano por anacrónicas leyes estatales que causan risa en medio de un territorio en el que los problemas se solucionan con una pistola; nos mostrará el papel de la educación (Ransom dicta clases de lecto-escritura a los pobladores) en la construcción de “la civilización”; describirá la profunda melancolía por un mundo que comienza a desaparecer y que insiste en dejar atrás el pasado heroico de pistoleros que ahora se sienten completamente inútiles; narrará la realización de las primeras elecciones democráticas en medio de un bar cuyo tendero insiste en no vender alcohol hasta que el proceso haya finalizado; etc.
Al final la democracia sale bien librada, pero no deja de recordarnos, como lo hace el cine Western en general, que la separación entre democracia y violencia es más un anhelo que un hecho histórico. Como decía ofuscado el periodista del pueblo en medio de las elecciones: “¿Prohibir el alcohol en las elecciones? Eso es llevar la democracia demasiado lejos!”
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